Cómo afecta el KAND al movimiento: el estudio más amplio hasta la fecha en 51 pacientes

¿Por qué unos niños con KAND empiezan con las piernas «blanditas» y con el tiempo se les ponen rígidas? ¿Es normal perder la marcha que ya se había conseguido? Un nuevo estudio del Boston Children’s Hospital, publicado en Movement Disorders, responde a este tipo de preguntas con la muestra más grande analizada hasta ahora: 51 personas con KAND evaluadas con escalas neurológicas estandarizadas. El equipo, liderado por Katerina Bernardi, Giovana Ribeiro, Wendy K. Chung y Darius Ebrahimi-Fakhari, confirma que existe un patrón reconocible en la evolución de la capacidad motora en el KAND, aunque con mucha variabilidad de una persona a otra.

Un patrón reconocible: de la hipotonía a la espasticidad

Uno de los hallazgos más útiles para las familias es la confirmación de un patrón bifásico que muchos ya reconocen de forma intuitiva:

  • Un 62,7% de los pacientes presentó hipotonía neonatal o infantil, que en un 39,2% evolucionó posteriormente hacia hipertonía.
  • La espasticidad progresiva en las piernas apareció en el 72,5% de los casos y aumentó de forma significativa con la edad, siguiendo un patrón ascendente (de los pies hacia arriba) característico de las axonopatías corticoespinales.
  • La debilidad en extremidades inferiores, en cambio, fue casi universal (88,2%) y tendió a ser más pronunciada cuanto más joven era el paciente.

La marcha independiente: un dato importante y realista

El estudio aporta una cifra especialmente relevante para la orientación de familias y profesionales: aunque 6 de cada 10 niños llegaron a caminar de forma independiente (a una edad mediana de 24 meses), solo 3 de cada 10 mantenían esa marcha independiente en la última evaluación. Esto refleja el carácter neurodegenerativo de KAND, sumado a los problemas de neurodesarrollo, y subraya la importancia del seguimiento longitudinal y de la fisioterapia continuada más allá de los primeros años.

Más allá de la espasticidad: otros trastornos del movimiento

El estudio documenta también otros signos motores frecuentes:

  • Estereotipias motoras (aleteo de manos, balanceo corporal): 43,1%
  • Signos cerebelosos, principalmente ataxia: 37,2%
  • Temblor de acción: 15,6%
  • Distonía: solo 3,9%

Un dato tranquilizador para muchas familias: la corea (movimientos involuntarios, rápidos e irregulares), el mioclono (sacudidas musculares bruscas, breves y repentinas), la atetosis (movimientos lentos, retorcidos y continuos, especialmente en manos, dedos o pies) y la rigidez/bradicinesia (aumento de la resistencia y tensión muscular al mover una articulación, distinta de la espasticidad) no se observaron en ningún paciente de la cohorte, lo que ayuda a delimitar qué síntomas son esperables dentro del espectro de KAND y cuáles deberían hacer sospechar otra causa.

¿Por qué unas variantes son más graves que otras?

El estudio también explora la relación entre genotipo y fenotipo, aunque con limitaciones por la gran diversidad genética de la muestra (29 variantes distintas en 51 personas). Destaca el caso de la variante p.Glu253Lys, asociada al fenotipo más grave del grupo (afectación motora profunda, insuficiencia respiratoria y, en un caso, fallecimiento temprano). Los autores explican que esta variante actúa mediante un mecanismo «dominante-negativo»: la proteína alterada no solo deja de funcionar, sino que interfiere activamente con la copia sana, reduciendo la capacidad motora funcional por debajo del 50%.

Este tipo de hallazgo refuerza un mensaje que desde la Asociación KIF1A España venimos transmitiendo: cada variante debe evaluarse individualmente, y no se puede extrapolar directamente la gravedad de una persona a otra solo por compartir el diagnóstico de KAND, incluso con la misma mutación.

Un espectro continuo, no categorías separadas

La conclusión central del estudio —y quizás la más importante— es que KAND se entiende mejor como un espectro continuo de gravedad y de síntomas, en lugar de subtipos clínicos separados. Esto tiene implicaciones directas para:

  • El consejo genético a las familias. Si KAND es un espectro continuo y no categorías separadas, no tiene sentido intentar encajar a cada paciente en un «tipo» fijo de KAND para predecir su evolución. Al recibir un diagnóstico, las familias deberían recibir información sobre el rango completo de posibilidades —desde formas más leves hasta más graves— en lugar de una etiqueta cerrada, y entender que la propia variante genética es solo una pieza más entre varias que determinan el pronóstico individual.
  • El diseño de futuros ensayos clínicos. Si se agrupara a los pacientes en subtipos rígidos, un ensayo podría descartar por error un tratamiento que sí funciona, simplemente por mezclar en el mismo grupo a personas con trayectorias muy distintas. Reconocer el espectro continuo obliga a estratificar a los participantes de forma más cuidadosa (por ejemplo, por gravedad funcional o por dominio de la variante) para poder detectar de verdad si una terapia está funcionando.
  • Cómo medir si un tratamiento funciona. Los autores señalan que escalas como la SPRS (Spastic Paraplegia Rating Scale) se diseñaron originalmente para paraplejias espásticas hereditarias «puras», y no están validadas en niños pequeños ni recogen aspectos centrales de KAND como la discapacidad intelectual, el déficit visual, la epilepsia o los problemas de conducta. Esto significa que, para medir con precisión si un futuro tratamiento realmente ayuda, hará falta desarrollar herramientas de evaluación específicas para KAND, capaces de capturar ese cuadro multisistémico en lugar de fijarse solo en la espasticidad de las piernas.

En resumen

  • Es el estudio más amplio publicado hasta la fecha centrado específicamente en los trastornos motores y del movimiento en KAND.
  • Confirma un patrón característico de hipotonía inicial seguida de espasticidad progresiva ascendente.
  • La marcha independiente, aunque frecuente al inicio, no siempre se mantiene con el tiempo.
  • Corea, mioclono, atetosis y rigidez no forman parte del cuadro típico de KAND.
  • El KAND se describe como un espectro continuo, lo que refuerza la necesidad de una evaluación individualizada y de medidas de resultado específicas para la enfermedad.

Referencia: Bernardi K, Ribeiro G, Battaglia N, et al. KIF1A-Associated Neurological Disorder (KAND): Spectrum of Movement and Motor Disorders in a Cohort of 51 Patients. Mov Disord. 2026. DOI: 10.1002/mds.70420

*Este artículo ha sido elaborado con ayuda de inteligencia artificial a partir de una publicación científica original; aunque se ha revisado con cuidado, puede contener imprecisiones, por lo que recomendamos consultar siempre con un profesional médico antes de tomar cualquier decisión relacionada con el tratamiento o cuidado de una persona con KAND.

Niño con KAND usando un andador posterior